2600, The Hacker Quarterly
Una revista impresa nombrada por la frecuencia de un silbato, que dio al underground una dirección pública.
El objeto
2600: The Hacker Quarterly fue fundada en 1984 por Eric Corley, que escribe bajo el seudónimo «Emmanuel Goldstein», tomado del enemigo del Estado en 1984 de Orwell. Su nombre es el tono de 2600 Hz que John Draper («Captain Crunch») y otros habían usado para apoderarse de las líneas de larga distancia de AT&T, una frecuencia que justamente producía un silbato de juguete incluido en las cajas de cereales Cap'n Crunch. La revista hizo explícito ese linaje: imprimía fotografías de teléfonos públicos, diagramas de red, análisis de exploits y ensayos políticos, y se vendía abiertamente en los quioscos de todo Estados Unidos, distribuida con el tiempo por cadenas como Barnes & Noble y Borders. Publicada desde Middle Island, en el estado de Nueva York, comenzó como un boletín de formato de bolsillo y creció hasta convertirse en una revista trimestral en papel satinado.
A la luz, a propósito
El gesto radical era la visibilidad. Donde el Manifiesto Hacker circulaba en la oscuridad de las BBS, 2600 ponía la misma curiosidad sobre papel, con un ISSN, un precio de portada y una dirección de retorno. Sostenía que entender los sistemas telefónicos e informáticos era una alfabetización, no un delito. Y se organizaba: a partir de 1987, las «reuniones 2600» se convirtieron en encuentros regulares celebrados el primer viernes de cada mes, en lugares públicos (célebremente el atrio del Citicorp Center en el centro de Manhattan) y se extendieron a decenas de ciudades en varios continentes. En 1994 Corley lanzó el programa de radio Off the Hook en WBAI de Nueva York, prolongando la voz de la revista en las ondas, y desde 1994 la revista organizó las conferencias HOPE (Hackers on Planet Earth) en Nueva York.
Por qué importa
2600 conectó las épocas que este museo reúne. Llevó el juego técnico de los phreakers a la era de internet y defendió repetidamente el principio de que documentar un sistema es discurso protegido. En 2000 la revista se convirtió en demandada en el caso Universal City Studios v. Reimerdes, la primera gran prueba de la Digital Millennium Copyright Act, tras publicar y enlazar DeCSS, el programa que descifraba el cifrado de los DVD. Corley perdió. El juez Lewis Kaplan prohibió a la revista incluso enlazar el código, y el tribunal de apelaciones del segundo circuito confirmó el fallo en 2001, con la Electronic Frontier Foundation respaldando la defensa. El caso trazó la frontera moderna entre el código como expresión y el código como herramienta, la cuestión dentro de la cual todavía trabaja todo investigador de seguridad.
La lección que liberó
Una cultura sobrevive publicando a la luz, no solo susurrando en privado. Al ser una revista, citable, archivada, sin miedo de su propio nombre, 2600 afirmó que el hacking era un cuerpo de conocimiento con un público, y que el secreto era una táctica, nunca el fin. Décadas después, sigue imprimiéndose cada trimestre, uno de los pocos objetos de esta colección que nunca se agotó ni se volvió lo bastante respetable como para perder su filo.
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