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Informática personalComputadora de placa única· 2012

La Raspberry Pi

Una computadora de treinta y cinco dólares del tamaño de una tarjeta de crédito, construida para devolver el cacharreo a las manos de los niños.

2 min de lectura344 palabras
A Raspberry Pi 4 Model B single-board computer photographed from the side
Imagen: Laserlicht · CC BY-SA 4.0

El objeto

La Raspberry Pi es una computadora completa en una sola placa del tamaño de un naipe, lanzada el 29 de febrero de 2012 por una fundación benéfica en Cambridge, Inglaterra. El primer modelo costaba unos treinta y cinco dólares. No tenía carcasa, ni disco duro, y exponía pines que podías conectar directamente a motores y sensores. La demanda del día del lanzamiento fue tan intensa que tumbó los sitios web de sus distribuidores.

El regreso del programador de dormitorio

Eben Upton y sus colaboradores construyeron la Pi a partir de una inquietud: que la generación criada con dispositivos sellados y pulidos había perdido la oportunidad que tuvieron sus mayores: abrir la máquina y romperla. Donde el Altair y el BBC Micro habían invitado en su día al cacharreo, la computadora moderna lo desalentaba. La Pi era un retorno deliberado al pasado, lo bastante barata como para arriesgarse a destruirla y lo bastante abierta como para exigir experimentación. Se convirtió en el corazón de un movimiento maker global, integrada en estaciones meteorológicas, consolas de videojuegos retro, robots y aulas escolares en todos los continentes.

Por qué importa

La Pi demostró que el ideal hacker de la máquina accesible aún tenía trabajo por hacer. Décadas después de que la computadora personal «ganara», esta también se había convertido en un electrodoméstico cerrado; la Pi volvió a abrirla. Hizo que la computación física, código que mueve cosas en el mundo real, fuera lo bastante barata para una niña curiosa de doce años, reviviendo el mismísimo espíritu que el Homebrew Computer Club había llevado en los años setenta.

La lección que liberó

La accesibilidad nunca está terminada; hay que volver a conquistarla para cada generación. La Pi respondió a la vieja promesa del Altair en un mundo que la había olvidado: que una computadora debería ser algo que puedas sostener, abrir, comprender y doblegar a tu voluntad, y que la manera más barata de fabricar a un hacker es ponerle a un niño en las manos una máquina que tiene permiso de romper.

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